Abril limpió con escarcha, la sangre
de un pueblo que está sufriendo,
de un pueblo que está muriendo
a la sombra del Santo Padre.

En el atardecer limpio
a campo abierto ya,
encontré en aquel parrón sufriente
llorando a una triste mujer.

Jugaba con sus ojos melancólicos
a encontrar en las distancias infinitas
las sombras aunque quebradas,
del marido que no volvió ayer.

Me volví por los caminos de siempre
navegando entre la ira y la pregunta,
preguntando por qué llora aquella mujer
iracundo, por no entender la verdad,
de aquel marido que se quedó sin volver

! Ay ! los caminos que me dicen
! Ay ! por lo que voy viendo,
tanta gente que en mi patria
deja sus lágrimas en parrones hirientes.

El desconsuelo sin palabras
tantas preguntas sin respuestas,
iras con metrallas amortajadas
tantas tumbas quedándose ignoradas
allí en el silencio abandonadas.

Tenemos que romper
si, romper,
ay esas cadenas,
las tenemos que romper,
si, esa cadenas malditas.

Hoy te vi parada, como cada día,
frente a la puerta de tu choza miserable
con la mirada sin destino,
y una mueca dolorosa,
esperando… Con tu espera sin fin.

! Ay ! por esa pobre silueta que vi deshecha,
! Ay ! de ese crío que asomaba en tu vientre,
! Ay ! por esa tanta pobreza que vi
en la sombra de tu engendro.

(Por Simón Reyes)