Eres hermosa
porque tu piel
tiene la palidez del sacrificio,
y concluyen en tu mirada
los desires de tus silencios.
 
Como suaves mensajes
que sólo llevan aroma y piel,
con todo tu recuerdo imperecedero
de un sentir lejano,
con toda la magia de tus manos
donadas por el aíre.
 
Con tu aroma perenne
de tristeza cohibida,
plasmando en tu rostro inocente
los años que recién vas conociendo,
forjando a sueño y beso
el latir lento y pausado
de mis años ya vividos.
 
Como cuando navegamos juguetones
por tus incógnitas febriles,
brindándome en tus remansos de ternura
esencias de sabiduría y paz,
de sol y viento,
sal y espuma,
susurrando un … ” Te quiero “.
 
Eres hermosa
porque no claudicaste al nacer
ni tu raza, ni tu estirpe,
y mantuviste en tus ires y venires
todo el encanto de aquella madre
que fue mujer primera
 
Eres hermosa
porque no te vi suplicar
cuando te hirieron,
cuando mancharon con sus manos
tu sangre derramada.
 
Sangre que brotó espontánea
para entregarte al sacrificio
en esas horas mancilladas,
dolientes,  y aún no olvidadas.
 
Eres hermosa,
porque volverás a nacer
en el canto de tus hijos,
en la cruz de sus muertos,
nuevamente en libertad
para correr y entregarte;
para amar tu tiempo perdido.
 
Y en el conjuro solitario
de nuestros besos,
volveremos a llorar
por los perdidos,
por aquellos que no volvieron,
por nuestro tiempo arrebatado.
 
Eres hermosa
porque hoy
es un canto tu martirio,
porque volveremos a encontrarnos
cerca de aquello que dicen;
que se llama libertad.
 
Poesía de viento,
cal y duna,
poesía herida
por las huellas del desierto,
en el camino de tu silencio.
 
(Por Simón Reyes)
Anuncios