Niños.
Una multitud de sueños hambrientos
florecillas tempranamente deshojadas
dueños de las calles sucias,
poseedores de la verdad subterránea
niños descalzos,
y fríos suelos de morada.

Niños.
Niños ardientes
de la patria enajenada,
niños vagando entre las fieras,
ciegos de la palabra
racimos de fruta encendida,
comprados por aquellos
tasadores de la inocencia,
destructores de lo profundo.

Niños.
Pequeñas lucecitas
apagadas a temprana hora,
niños de barro y faz agrietada,
niños sufriendo los desmanes
de los que siempre se imponen.

¡Es que no ven!
son ellos los forjadores tempraneros
de un destino que quizás nunca vendrá.

Niños más hombres que nosotros,
arrancados ferozmente,
de unos cuentos que nunca leerán.

La carne no se compra con dinero
portadores de lo absoluto,
la carne se rinde con amor infinito.

Los niños a vivir su infancia.
Los niños a vivir su inocencia.

Los niños a vivir…
Los niños a vivir.

(Por Simón Reyes)