Rostros agrietados como de papel
poblados de surcos negros y salinos,
ojitos cansados de horizontes,
rostros enjutos,
como de niños sin destino.

Viven mano a mano con la muerte
muertas de abandono y serranía,
son nuestras madres olvidadas
madres de todos los hijos paridos.

Entre el pasado y la miseria,
el presente les niega su futuro,
mujeres de dioses sin rostro
amantes del humo y las alturas.

hijas del altiplano
esclavas del hambre,
y el olvido,
mujeres sin vientre
y de risas partidas.

Bailan ciegas
danzas de media tarde,
al compás de la lluvia
y de sus ojos heridos.
(Por Simón Reyes)