Un día dijo basta el cantor
pero nadie lo escuchó,
acallaron su canto
con los ruidos marciales del tambor
y el cantor, desapareció.

Pero un día vino el gran poeta insular
y aplaudió al trovador,
enlutó su prosa de color granate
cuando desnudo al traidor.

Un día vino el gran poeta terrenal
a contar la historia de América americana,
en prosas la hizo al mundo estallar
y entre prosas y prosas,
también desapareció.

Fue un día de Abril que otro cantor
otro con ira enorme
otro vino a contar lo que vió,
y habló más fuerte que el tambor
porque recibió del poeta y del cantor
toda la fuerza de aquella canción.

Asesinaron al cantor
también al poeta, y también mi sangre,
pero los dos convirtieron para mí
el mundo en un rincón
para en estos versos poder gritar
lo que nunca el traidor
podrá jamás acallar.

Soy sangre de Violeta, respiro Herudiano
Lorca, Hrenández, Victor Jara,
y un mil y tanto trovador
poseo sangre Nerudiana H2,
de cordillera y mar,
llevo en mi sangre Chile mil y tres
y desprecio al embaucador.

Un día dijo basta el cantor
pero nadie lo escuchó,
quedó su canto suspendido
por sus cuerdas y su sangre
entonces tembló iracunda su guitarra
cuando acallaron su canto
en las frías baldosa de un estadio

Poeta de media tarde
se quedó tu voz a oscuras
pero tocaste puerto, malecón y enredadera
en cada fibra donde tu voz llegó,

Mostraste la mano impune del verdugo
con tu poesía y tu bravura,
por eso nunca el poeta
ni el cantor han de morir,
por eso nunca las palabras afiladas,
podrán ser heridas.

Un día dijo basta el cantor
y junto al poeta desapareció,
y hoy, hoy seguimos cantando…
Tú y yo

(Por Simón Reyes)