La esperanza rota
el cristal desvanecido,
huella larga y profunda
de mil sueños caídos.

Pasaje tácito y hambriento
soledad pensante, larga y dañina
amanecer brusco y somnoliento
mañana mezquino
y de manos con saña.

Vuelve, vuelve atrás
caminante que solo vagando vas,
hecho trizas y harapos
destino sin luz.

Aíre espeso,
espeso y marchito,
de este olor
siempre penetrante.

Y acá estoy
en la pasividad exclusiva
del que espera,
con el tiempo ido y pensante
fabricante de sueños rotos,
y agonizante.

(Por Simón Reyes)