La caravana maldita
era como un ave de rapiña
que surcando las alturas
escudriñaba las distancias.

Llegó el Cóndor de la noche
y cínico en su furioso aletear,
portaba escrita en sus alas
de afilados cuchillos ;
la muerte.
Dormían en sus lechos,
inocentes ya encausados,
sin saber que la vida
dependía de una mirada,
del dedo ejecutor de la barbarie.

Las sombras cómplices
le arrancaban murmullos
a la distancia,
como súplicas
de amanecida.
El Puma, ave negra,
sedienta de sangre
giraba en la noche,
se retorcía en el aíre,
portando en su vientre
los herencia de los infames.

Fue el Sur
fue el Norte,
fue Calama
fue a Chile,
fue al mundo
a quienes
golpearon
esa noche.

El ave sanguinaria
se remontaba nuevamente
en su vuelo demencial,
dejando atrás
olores a pólvora y muerte
aún flotando en el aíre.

Sergio Arellano

se llamaba
el soberbio
asesino.El desierto
fue el lugar
donde
la muerte
avergonzada,
se detuvo…
A llorar

(Por Simón Reyes)

 
 
 
 
 
 
Helicóptero-Puma
 
 
 
 
 
 
 
super puma 3
 
 
 
 
 
 
 
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