Desde los parámetros infernales
hemos vuelto otra vez,
no con una mueca de odio
más con nuestra sonrisa del ayer.

Que si todo sucedió en un segundo,
fue el segundo de un tiempo no existido,
para reencontrarnos queda tiempo suficiente
de oscultar desde el útero mismo,
la existencia hasta el final.

Y que sepan,
que las aguas del cántaro
del que bebieron ayer,
sólo fueron ilusiones
que no lograron apagar nuestra sed.

Hoy resucitado en mi alegría
he perdonado los golpes recibidos,
casi no me acuerdo ya
de aquel viejo reloj enclaustrado.

Porque aprendí de otros cantos,
porque aprendí de otros besos imaginados
que el camino se hace más estrecho
si no saludamos al que nos ha ofendido,
cuando cantando… Nos cruzamos al volver.
(Por Simón Reyes)