Cerca del viento que sopla
entre las torres mercenarias
voy escuchando el desgarro
de tus gritos lastimeros.

En el siencio de tu eje
hombretristeza
y las  marcas de recuerdos
que te dejaron los amos,
que te expropiaron.

Allá en las alturas paranoicas
de los corrosivos eslabones heridos,
van soplando en tus heridas centenarias
los últimos espasmos
de los golpes insatisfechos
con los que hirieron
a tu prolifera estirpe.

Hasta desaparecer tu rastro
en la desértica estéril sequedad
donde sólo habitas con tu miseria,
la misma en la cuál acunaste tu sórdida niñez.

Viendo aparecer
tus espectros fantasmales
voy arqueando mi cuerpo
en un torrente de recuerdos
lívidos y punzantes,
al acercarme a la historia de siempre
razón errante en la cual viviste.

Hermano de piedra, sol y luna,
no borres la huella de tu padre
no me dejes sin conocer las respuestas
a mis incógnitas siempre vividas
y a este olor siempre penetrante.

Desmenuzaste tu vidahistoria
como el polvillo más fino
de tu agreste soledad
en el socavón de la vida.

El verte pasar deshecho
es como el signo consuetudinario
de una raza maldita
que no la dejan desaparecer.

Hermano herido
en las profundidades
de tu raído traje fetal,
viniste para nacer sin fortuna
y perderte en las fauces
de tu enorme mineral.

(Por Simón Reyes)

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