¿ Es aquel Sauce enredado en mi alma

el qué ha llorado ?

¿ O es que la melancolía de tu silencio
se ha cruzado en mi camino ?

Viniendo a mí tus lágrimas como perlas sin retorno
de aquel manantial infinito
de purísima riqueza.

Ay  muchacha inmensa que caminando
con tus heridas a cuesta,
te levantas a cada segundo
majestuosa en tu dolor
porque eres altiva.

Vas mostrando con orgullo
que eres de madera y de hierro,
de carne, sangre, hueso y estirpe,
cimientos eternos de tu raza
que jamás fue vencida.

Porque aquella túnica ardiente

que te ciñeron por mortaja
en aquel segundo esquizofrénico
se transformó en alboreo escapulario.

Como un grito sin razón
como un dedor acusador
recorriendo parajes, piedras y ríos,
derribando las murallas del ayer
nos quedamos mudos al verte pasar.

Montarás tu victoriaY un silencio de luto y frÍo
nos cobija y nos duerme,
las lágrimas ya no existen
están secas sus vertientes.

en corceles de lluvia y plata,
llegarás en tu nube de grito y llanto
corriendo por calles y pueblos,
por casa y choza,
por hombre y hombre.

Vendrás como torrente
de lluvias marginales
con tu finísimo hilo de oro
a bordar la nueva historia
de aquellos que vendrán.

Andando hoy
con tus heridas a cuesta
vienes trayendo fertilidad
a los ojos del moribundo,

Ojos de espuma clavados, por dos sombras
arrancadas de tu mano.

Fertilidad y canto
en el mañana que comienza

De tu corteza terrenal

modelada por los artesanos 
del Apocalipsis
fluyen de tí,
hoy, sentimientos
como piedras.

Y una gota de amor,

trae a tí…  La vida
La vida.

“>(Por Simón Reyes)

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