A veces 
cuando a besos 
me despertabas, 
un niño 
de aventuras mágicas 
te abrazaba. 

Una copa vertida, 
un tacón 
en la silla, 
cuatro ojos 
que se miran, 
somos tú y yo. 

A veces 
cuando ríes 
sin motivos, 
cuando hablas 
en mi silencio, 
me obligas 
a adorarte. 

No le temo 
a las sombras 
cuando respiras 
a mi lado, 
calor de aves 
que vuelan 
hacia mundos 
ignorados. 

La perfecta amante 
el perfecto esclavo, 
niños jugando 
historias contadas, 
volvemos de amanecida 
y somos tú yo, 
dos eternos solitarios. 

Una sonrisa 
un gesto furtivo, 
dos sombras 
invertidas 
que se cruzan al pasar, 
somos tú y yo, 
dos amantes castigados.

 (Por Simón Reyes)

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