Cuando la exigua luz que desprendes
agote su lento peregrinar,
no quiero palabras vacías
ni sollozos al ponerse el sol.

No quiero espejos de metal
que me devuelvan tu sonrisa,
ni aquella pálida voz despertando
recuerdos de tardes enmohecidas.

Abre puertas y rompe cerrojos
muerde aquella luna ciega,
sobre la cual te escribiera poemas
como mensajes de agua desatada.

Ya la vida nos ha quitado bastante
intentando emular juegos de niños,
volvamos a ser como antes
cuando apenas eramos,
dos desconocidos.

(Por Simón Reyes)

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