Vienes desde el silencio mismo
de profundidades milenarias
desde el fondo de la tierra.
Como torbellino  arrasando
la paz de los ahorcados.

Madre rompe piedras
cal de la tierra viva,
ojos de niña herida,
manantial de sueños
que dejaste al marchar.

¿ Dónde  desde tus largas noches
desafiaste gigantes adoloridos ?

No fueron pocos tus besos
ni las letras atrevidas,
ni los versos perdidos
en tus albas solitarias,
los que aún recuerdo todavía.

Solo yo se
donde duerme aún
el guerrero abatido
por dos saetas lanzadas,
una envenenada de flor,
la otra de amanecida.

Si he decirte adiós
bríndame tus ojos,
cabellos, viento y risa,
tus secretos,

nunca entregados,
etéreas lunas de arena.

¿ Quién eres muchacha,
la que todo domina ?

No, no  huyas aún,
no me dejes
huyendo de la nada,
cántaro de greda
agua, aire y fuego,
sabes que sin tí,  muero.

Pero yo se chiquilla
que desde la profundidad
de tu mirada dormida,
adivinarás, que estos versos,
estos versos, son para ti.

(Por Simón Reyes)

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