En el último guijón
del peñón humano,
te encontré dormida
despertado a la quietud
de tu cuerpo entregado.
 
Con la furia del Urubamba
latiendo pecho y pecho
marineros en aguas inciertas
navegamos cuerpo y cuerpo
 
Me convertí en pirata de tus océanos
bebiéndome cada gota de tus deseos
fuí corsario de tus besos,
ladrón de tus secreto.
 
Descubriendo la huella del pasado
en tus lágrimas de niña rendida,
me apoderé de tu furia retenida
abandonándonos al juego prohibido.
 
Allí mis manos se apoderaron
de tus últimos recelos cohibidos
en las horas que siguieron;
a ese nuestro último encuentro.
(Por Simón Reyes)
 
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