( A Octavio )

Al vacío sin límites de tu ocaso,
en tu madriguera.

Como una guarida de animal
al acecho.

El oso polar de antaño
se consume hoy
en el odio de un cigarrillo.

Y levanto mi voz de hermano,
sin armas,
más que el dolor de tu ausencia
obligada.

Ya nadie reclama tu pureza infantil,
olvidada quizás
en los eslabones de tu pasado.

Solamente un café, un recuerdo,
un no se que…

Como brindis al guerrero;
que agoniza.

(Por Simón Reyes)

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