Hoy no he muerto,
la vida me persigue,
en tus labios cerrados
marcando la hora fatal,
un cuarto para morir.

Los sueños del hombre
caminante absuelto
se pierden ya lentamente
tras los últimos espasmos
de tu holocausto voraz.

La vida emerge
desde los cañaverales
que tu cuerpo ha ocultado,
fugados hacia lo incierto
desde este canto violentado.

Hoy no he muerto
sólo camino sin rumbo fijo,
como si la vida obstinadamente
se aferrara a la presa rendida,
hasta besarnos macabramente
en estas horas tañidas.

(Por Simón Reyes)

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