Mis poemas siempre me acompañaron 
como un recuerdo incesante
de aquellos momentos profundos
en los que a veces me absorbía.

En poemas a tu pelo le canté, 
trigo dorado de amanecida.
en poemas tu cuerpo descifré,
más de un verso, a tus manos brindé.

A veces cuando taciturno
condición natural de la melancolía,
me refugiaba en tus grandes ojos negros 
emergiendo de allí simplemente…
Una poesía.

(Por Simón Reyes)

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