Quiero que vengan

en la suavidad de los tamarindos,
penetrando en mi cuerpo
raúdo, los zorzales,
los animales, tu sombra,
todo lo palpitante y lo fecundo.

¡ Que me digan !

Si fuí pasto o si fuí hierba,
si fuí sangre o vino,
la alegría, tu alegría
que mis lágrimas
las últimas,
no te duelan.

Que no hieran
tu esfinge sagrada,
y vengas como ayer, rebosante,
al encuentro del viajero
trayendo cántaros del almibar
aún brotando de tus senos,
para apagar la sed del soldado.

Navegante etéreo
en barcos que nunca,
nunca, navegaron más allá
de tus horizontes fetales,
anclándome a tu cuerpo
como fiera con ojos de niño.

Que me digas
si fuí carne en la carne,
si fué sueño tu cuerpo,
las iras, el espasmo,
mi miedo,
las horas escondidas.

¡ Dime.!
si sembré en tus semillas
la fruta hecha como fuego,
depositada como flor en tus surcos,
renaciendo en otro nombre …
Tu nombre.

(Por Simón Reyes)

Anuncios