Eres la alegría
de mi hogar
cuando ríes,
cuando cantas,
cuando callas.

Eres luz divina
cuando vuelas
alzando tus manos,
invocando la inocencia
que aún no has perdido.

Eres verdad
absoluta,
cósmica,
terrenal,
implacable,
impoluta.

Por tí unos versos
que aún no escribo,
por tí abro caminos
que nadie, nunca andará.
selvas que nadie
jamás ha penetrado.

Te obsequio
mis niños escondidos,
mis secretos nocturnos
aún no descubiertos.

Sólo así
podré entonces decirte adiós,
desde mi ventana dormida
desde un pasado lejano,
que dos niños inventaron
jugando a ser,
dos marionetas de papel.
(Por Simón Reyes)