Después de caer en tus brazos
amada encendida,
he levantado en tu lecho
altar a mi furia enardecida.

De amaneceres sin preguntas
buscando en tu cuerpo mi tierra,
desnudo entre nieve y agua
cimbreando tu cuerpo enamorada.

Cerro ardiente, de cobre como fuego
en mis manos de artesano
palpitando en secreto una paloma,
vengo lento, recorriendo tus caminos.

Tu cintura como una huella en olvido
que huele a mar y melancolía,
floreciendo Copihués de tu besos
al recorrer en silencio tu geografía.

Buscando en cada rincón de tu cuerpo
esencias de mi pueblo casi olvidado,
muchacha que me nutres de encanto
recibe en tu seno mi ira,
que es de madre y sangre lejana
y de infancia no reconocida.

Bríndame tu amor como entonces
para alcanzar por tus caricias
pronto, antes de la despedida,
abrazar, mi tierra zaherida.

(Por Simón  Reyes)

Anuncios