No espero tu llamado
más no acudo a aquella cita,
ni me despierto de madrugada
cuando percibo tu lento respirar.

Me causa hastío tu letanía
y hasta tu forma de amar,
amantes de leves segundos
que rompen el cristal.

No me susurres al oído
ni me enciendas candelabros,
sólo llévame a tus brazos
como niño volando al trigal.

(Por Simón Reyes)

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