Piedra sobre piedra
como,
lamento sobre lamento,
viento turbio y negro
que barres mi estepa,
dejando ciegos mis pasos.

Fulgor que muere
al alba,
quieto y lleno
de melancolía,
sereno y sin llanto lastimero
que hiera mis desnudos huesos.

Caladas en mudo
y profundo prisma
de largo viaje,
mil gotas de sangre
nos acompañarán al final.

Mal oliente y sucio,
sin compañía, nada más
que tú, viento sordo y llano,
que bosquejas dulzura
y dolor en mis manos.

(Por Simón Reyes)