A veces me siento solo
como si no existieses,
es sólo entonces que tu ausencia
duele más que esta soledad.

Se que los atardeceres
de horas grávidas de placeres
ya no reflejarán dibujados
tus anhelos en la arena.

Desaparecen las farolas
y los hijos inventados,
la flor que ayer besáramos tú y yo
no entregará colores perfumados,
ni esparcerá al viento sus pétalos florecidos.

Aún espero en el lugar de siempre
con un pitillo sacando anillos por embrujo,
hasta que al llegar la hora del ocaso
tu ausencia peregrina no tarde,
entonces,  sabré que te he perdido.

No vendrás,  ya sé que no vendrås
has marchado en busca de la verdad,
allí donde no existe odio ni soledad,
es sólo este pitillo arrojando anillos al aíre
que insiste en volverte a recordar.

(Simón Reyes)