Un reloj despedazado por mis manos
reemplazando al juguete que no existió,
en aquella otra esquina de la mesa
tú, observando con tu ojo avizor.

Como admiré tu sabiduría
allí un niño en tu regazo,
así fue huyendo el tiempo
buscando al padre que no existía.

Claudio compone relojes
Chofer de horas interminables
maestro de los fierros
y en sus ratos libres,
lavando la 164.

Noches agónicas de Colegiala
de ferias adormecidas,
la Ford resollando a las alturas
y la Tempo ardiendo a dos tiempos.

Así viejo amigo te recuerdo yo.
tenías la edad del patriarca
cuando llegaste a mi hogar,
los años ya se han ido
y hoy…. Hoy así,
te vengo a recordar.

(Por Simón Reyes)

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