Joven murió el poeta
porque su sangre era la tierra
y la tierra le estaba llamando,
con la túnica del silencio
recortándose majestuoso
en el sinfín del ocaso.
 
Bendita la sequedad del desierto
benditos los montes
bañados en sudor negro,
maldito el fúsil
que vomitó en tu pecho.
 
García Lorca
derramados en tu silencio,
la patria aún llora
el que no estés hoy con ellos.
 
Joven murió el poeta
en los montes de España,
en la injusta curva del destino
la orden que es emanada,
la muerte galopando
un día cualquiera
a eso de las cinco tarde
asomada a tu vera.
 
Su poesía
única culpable y testigo,
igual destino al de Hernández,
en esa España arrasada y sumida,
por las hordas del desconcierto.
 
Y la muerte vino
porque la estaba esperando,
con su inspiración amortajada
cuando España entera fue enlutada.
 
Poeta del levante,
poeta del canto abierto,
lúcido de rayos y truenos
acabaroncon tu canto,
más no hirieron tus sonetos.
 
Las cuerdas tocaron su partida
pero también estaban muertas,
los clarines anunciaron su llegada
y eran los clarines, el canto del pueblo,
que recibian a Federico García Lorca
muerto en la España oscura…
La misma España de Cervantes.
(Simón Reyes)