Al brillo de tus ojos casi dormidos
se acerca la luna acariciando tus manos,
la noche se ha venido lenta
en busca de un amor solitario y tardío.

Pescador atrapado
en tus redes tutelares
para dejar en mi mesa
el fino manjar depositado.

Desde las profundidades de las aguas
yo te saludo hermano, estatua negra,
como si a la piedra, el frío sereno
de la noche golpeara.

Yo te saludo hermano del agua,
yo te saludo hermano de la noche
esclavo de la lágrima escondida,
hijo de las aguas negras,
tan negras, como la historia
del hombre.

Pescador nacido a los telares submarinos,
de la raza, el hombre conquistado,
pescador en tus anhelos dilatados
alquimia de la noche desatada.

Que mi voz te acompañe
desde la noche subterránea,
desde el último canto del pedernal
hasta que vuelvas desde tu anzuelo
desplomado.

Hermano que mi voz te acompañe
como si a tu canto sumergido
la mano de hierro temblara,
como si a lo más profundo de tus redes
una lágrima de la noche, cayera.
(Simón Reyes)

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